►A poco que se profundice en la memoria individual, aparece el recuerdo de una vieja bodega, de un majuelo, o de un vino de aldea. Raro sería encontrar un castellano leonés que no se sintiera identificado con algunos de estos parámetros. Y, si en algún momento fallaran, aparecería en el recuerdo, y de inmediato, el escenario de un vino de taberna y un sabor genuino perdido en el tiempo. Esta sería la parte semántica del vino. Curiosamente, hoy este armazón de recuerdos ha sucumbido. Pero lejos de extinguirse, se ha regenerado con tal fuerza que el vino ya forma parte de la cultura general. Adaptación a los nuevos tiempos El fenómeno más extraordinario ha sido la capacidad de adaptación a los nuevos tiempos, no sólo de viticultores y elaboradores de vino, sino también del propio consumidor. Hasta hace apenas unos años, el vocabulario y la cultura del vino era bastante escaso: «me gusta» o «no me gusta» era la expresión más habitual para definir un vino, con dos únicos parámetros. Por un lado, el vino de cosecha y, por otro, el embotellado de calidad. A estas apreciaciones se sumaba la procedencia geográfica o las referencias de un pequeño listado de marcas y bodegas a las que se unía, por lo general, media docena de DD OO cuyo protagonismo se centraba en Rioja, Jerez o Cava. Hoy está demostrado que el consumidor medio diferencia las tipologías de los vinos -jóvenes, crianzas, reservas, espumosos, varietales, fermentados en barrica, maceraciones carbónicas...- y distingue con facilidad cepajes de verdejo, tempranillo, mencía y prieto picudo, entre otras. Hay más: es capaz de diferenciar un tipo de roble en la crianza y los matices de la variedad en el componente frutal. A todo esto se suma el lenguaje de la cata, que ha enriquecido el vocabulario ayudando a describir las sensaciones sensoriales que se perciben en el vino. Una teoría nada descabellada asegura que se dedican más de quince minutos a hablar de vino durante una comida en un restaurante.

► El chef visitante ofrecerá a los asistentes los mejores consejos para que los amantes mexicanos del buen comer hagan un adecuado uso de los excelentes caldos que los viñedos de toda España aportan a la gastronomía internacional.
|