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Indudablemente influenciado y dirigido por la imaginación y deseos de los miembros más prominentes de la asociación, el arquitecto logra cristalizarlos en este salón que define aspiraciones, lealtades políticas, afán de trascendencia y la búsqueda de una identidad propia a partir del México Independiente. Este majestuoso salón es la verdadera y última razón de ser de este palacio. 
Vacío u ocupado, el gran salón detenta un carácter de majestuosidad que no depende de la presencia humana. No en balde, y aun cuando no estuviera ornamentado con cuadros y esculturas que rinden homenaje a preclaros soberanos y otros personajes españoles, este espacio merece el nombre que la tradición le ha dado: “Salón de los Reyes.”
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